La minería ilegal: una economía ilícita en expansión en Sudamérica

La minería ilegal de oro se ha posicionado como la segunda economía ilícita más importante en Sudamérica, desbancando al narcotráfico como la actividad preferida del crimen organizado. Las cifras de extracción ilegal son alarmantes y están asociadas a una serie de delitos conexos que agravan la situación.
Un informe del Grupo de Delincuencia Organizada Transnacional (GI-TOC) indica que el interés por la minería ilegal ha crecido debido a los peligros y la disminución de ganancias en el narcotráfico. Esta actividad ilícita está relacionada con problemas serios, como la deforestación, el uso de mercurio y el desplazamiento forzado de comunidades.
En Bolivia, la actividad minera se desarrolla mayormente en pequeñas cooperativas, donde solo una fracción opera con licencias ambientales adecuadas. Este crecimiento de la minería ilegal conlleva efectos negativos tanto en el medio ambiente como en la sociedad, incluyendo el trabajo forzado y la trata de personas.
Datos sobre la minería ilegal en Sudamérica
- Perú: 77 toneladas
- Venezuela: 75 toneladas
- Colombia: 72 toneladas
- Brasil: 60 toneladas
- Bolivia: 46 toneladas
- Ecuador: 27 toneladas
El análisis del GI-TOC revela que las redes criminales encuentran en esta actividad un campo fértil para el lavado de dinero del narcotráfico, que se mezcla con el oro legal antes de entrar al mercado formal. Además, la minería ilegal permite a los grupos delictivos obtener ingresos a través de extorsiones y el control de minas.
Bolivia se encuentra en el puesto 94 de 193 en el índice global de criminalidad, con una puntuación de 5.12. La minería ilegal y los recursos no renovables tienen una calificación alta, de 8.0 sobre 10, lo que refleja la gravedad de la situación en el país.