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  • MUNDO
  • Por Ivana Rojas

La ONU se acerca a una elección histórica con candidaturas femeninas destacadas

La presión sobre los Estados miembros de la ONU aumenta a medida que se aproxima la elección del nuevo Secretario General, que se llevará a cabo en el último trimestre de 2026. Este proceso podría marcar un hito histórico al permitir que una mujer asuma el liderazgo de esta importante organización, después de más de 75 años de predominio masculino.

Actualmente, siete candidatos están en la contienda, de los cuales cuatro son mujeres con una sólida trayectoria en la función pública y en el sistema de la ONU. Durante un reciente sondeo en el Consejo de Seguridad, las candidatas más destacadas fueron Rebeca Grynspan, de Costa Rica, y Carolyn Rodrigues Birkett, de Guyana, lo que resalta el potencial de una representación latinoamericana en la cima de la organización.

La lucha por la igualdad de género ha sido un tema recurrente en la agenda de la ONU, que ha instado a sus Estados miembros a promover el liderazgo femenino. Sin embargo, el hecho de que el cargo más alto dentro de la organización haya estado reservado exclusivamente para hombres hasta ahora subraya la persistencia de un sesgo de género en escenarios de poder, a pesar de que las mujeres han hecho significativos avances en diversos ámbitos.

La urgencia de una reforma dentro de la ONU se vuelve evidente ante el contexto global actual, donde los derechos de las mujeres enfrentan retrocesos alarmantes y la violencia de género se manifiesta en múltiples formas. Esto pone de relieve la necesidad de contar con una líder que no solo represente a las mujeres en un puesto histórico, sino que también pueda abordar estos desafíos con eficacia y apoyada por los Estados miembros.

Sin embargo, el próximo Secretario General enfrentará un escenario complicado, marcado por una crisis financiera sin precedentes. El fenómeno conocido como ‘glass cliff’ plantea un riesgo adicional, donde las mujeres son elegidas para liderar en momentos de crisis, asumiendo la responsabilidad de problemas difíciles de resolver y sin el respaldo necesario.

Por tanto, la cuestión crítica no es si el mundo está listo para ver a una mujer al mando de la ONU, sino si los Estados miembros están dispuestos a comprometerse con reformas significativas que permitan un cambio real y efectivo en la estructura de liderazgo de la organización. La historia de estas elecciones podría depender de su voluntad para avanzar más allá de declaraciones y adoptar decisiones que transformen el futuro de la ONU.