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  • MUNDO
  • Por Elena Condo

Armenia: Resiliencia y reconstrucción tras el terremoto de 1999

El 10 de agosto de 2026, Armenia, capital del Quindío, fue nuevamente sacudida por un fuerte terremoto de magnitud 7,4, pero esta vez la ciudad no lamentó muertes, lo que ha llevado a muchos a preguntarse qué ha cambiado en estos 27 años desde el desastre de 1999.

El terremoto de 1999 fue uno de los más devastadores en la historia de Colombia, con una magnitud de 6,1 que dejó 971 víctimas mortales y destruyó gran parte de la ciudad. En contraste, en el reciente sismo, aunque se registraron daños en edificaciones, las pérdidas humanas fueron mínimas, con solo una persona fallecida.

Vanessa Porras, quien sobrevivió al terremoto de 1999, recordó cómo, a sus cinco años, se quedó esperando a su hermana menor, Angie, durante la tragedia. Afortunadamente, Angie fue rescatada, pero la experiencia dejó una huella imborrable en la familia. Ahora, cuando la tierra tembló nuevamente, la preocupación fue menor gracias a la preparación y las mejoras en la infraestructura de la ciudad.

Factores de la Resiliencia de Armenia

La diferencia en los resultados de ambos sismos se debe a varios factores. Primero, el reciente terremoto tuvo su epicentro en San José del Palmar, a 70 km de Armenia, mientras que el de 1999 fue casi directamente debajo de la ciudad. Además, la profundidad del sismo de 1999 fue de solo 21 km, en comparación con los 107 km del sismo de 2026, lo que lo hizo más destructivo.

Desde la catástrofe de 1999, Armenia ha implementado estrictas normativas de construcción sismorresistente, lo que ha permitido que la mayoría de sus edificios, a pesar de estar dañados, se mantengan en pie y habitables. El ingeniero Federico Núñez destaca que el objetivo de estas normas es proteger la vida humana, más que la estructura misma.

Claudia Arenas, ingeniera civil en Armenia, ha liderado la evaluación de daños en más de 1.000 edificaciones tras el sismo reciente. Ella señala que la preparación constante de la población y la realización de simulacros han sido claves para evitar tragedias, como se evidenció en el caso del Colegio Rufino José Cuervo, donde no se reportaron heridos entre los 1.600 estudiantes presentes durante el temblor.

A medida que Armenia avanza en su reconstrucción, queda claro que la ciudad ha aprendido de sus tragedias pasadas y ha forjado un camino hacia la resiliencia, siendo un ejemplo de cómo la comunidad puede unirse para superar desafíos y construir un futuro más seguro.