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  • MUNDO
  • Por Ivana Rojas

El testimonio de Hitomi Soga: 24 años de cautiverio en Corea del Norte

En agosto de 1978, en la isla de Sado, Japón, Hitomi Soga, apenas de 19 años, vivió un momento que cambiaría su vida para siempre. Mientras regresaba a casa con su madre tras hacer compras, fueron interceptadas por tres hombres que las secuestraron.

"Nos taparon la boca y nos cubrieron la cabeza", recuerda Hitomi. A partir de ese instante, su vida se volvió un enigma mientras era trasladada en una lancha y luego en un barco, sin poder comunicarse con su madre, a quien nunca volvió a ver.

Hitomi fue llevada a Corea del Norte, siendo víctima de un programa estatal de secuestros que tuvo lugar en las décadas de 1970 y 1980. Se estima que Japón identificó al menos a 17 personas secuestradas durante ese periodo.

Los primeros dos años de cautiverio se llevaron a cabo en un cuartel militar, donde Hitomi no tenía idea de lo que había sucedido con su madre. "Miraba al cielo y lloraba, pensando en cuándo volvería a ver a mi familia", confiesa.

Un matrimonio forzado en un contexto complicado

En 1980, después de dos años de aislamiento, Hitomi fue informada de que debía casarse con Charles Jenkins, un soldado estadounidense que había desertado a Corea del Norte. Esta unión fue un intento de propaganda del régimen norcoreano para mezclar a dos naciones rivales: Japón y Estados Unidos.

Aunque sin ninguna opción en su matrimonio, Hitomi desarrolló un profundo amor por Charles, con quien tuvo dos hijas. A pesar de las limitaciones impuestas por el régimen, encontró consuelo en su familia y en los pequeños momentos compartidos.

La situación de Hitomi cambió radicalmente en 2002, cuando la verdad sobre su secuestro salió a la luz durante una cumbre entre Japón y Corea del Norte. El líder norcoreano de ese entonces, Kim Jong-il, admitió haber secuestrado a varios ciudadanos japoneses.

Finalmente, se le permitió a Hitomi regresar a Japón para reencontrarse con su familia, quienes habían estado en la incertidumbre durante más de 20 años. A su regreso, experimentó un emotivo reencuentro con su padre y su hermana.

Desde su regreso a Japón, Hitomi ha dedicado su vida a abogar por otros que aún están cautivos en Corea del Norte, sin perder la esperanza de que su madre, Miyoshi, siga viva. "Cada día cuenta para los que aún están atrapados", enfatiza.