Irán: La resistencia en medio de la guerra contra Estados Unidos

La cantidad de misiles balísticos lanzados por Irán ha disminuido, pero esto no es la única forma de evaluar su capacidad para sostener la guerra. Los drones y misiles de crucero son más simples y rápidos de elaborar, además de que los líderes militares que han caído han sido reemplazados, manteniendo así la estructura de mando.
Desde el 12 de noviembre de 2025, cuando los ciudadanos iraníes asistieron a una exposición en Teherán sobre los avances en misiles y drones, han pasado siete meses de conflicto. A pesar de los severos desafíos que enfrenta la economía iraní, el régimen no parece apresurarse a poner fin a las hostilidades.
Estrategias y costos del conflicto
Teherán parece buscar una demostración de que no es solo Estados Unidos el que marca el ritmo de la guerra. Aumentar los costos para Washington podría ser un objetivo clave, esperando que esto lleve al gobierno de Donald Trump a aceptar algunas de las demandas iraníes.
Expertos como Mohammad Ghaedi, profesor de Relaciones Internacionales, indican que Irán puede seguir lanzando misiles y drones, aunque con menos frecuencia, lo que aún podría afectar el tránsito en el estrecho de Ormuz. La guerra también ha erosionado parte de las reservas de defensa estadounidense, dificultando su reposición.
A nivel interno, la economía de Irán ya enfrentaba problemas antes del inicio del conflicto. Durante el año fiscal 2025-2026, se estima que la economía se contrajo un 2.7%, y los efectos de la guerra han exacerbado la inflación, que alcanzó un 62% interanual. En Hormozgan, el impacto es aún más drástico, superando el 101%.
La guerra ha resultado en la pérdida de más de un millón de empleos, dejando a cerca de dos millones de personas desempleadas, según el viceministro de Trabajo. Se prevé que la economía continúe contrayéndose un 5.4% en 2026, con una inflación que podría llegar al 69%.
El futuro de la guerra y sus consecuencias económicas y regionales son inciertos. Los ataques de Irán a infraestructuras en países árabes del Golfo podrían complicar aún más la búsqueda de relaciones más estables con estas naciones, dificultando la posibilidad de un acuerdo que cierre el conflicto actual.
Finalmente, la falta de consenso interno en Irán sobre cómo proceder en la guerra plantea dudas sobre su estrategia. La discrepancia entre los líderes podría influir en la duración del conflicto y en la búsqueda de una solución aceptable para Teherán.