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El FMI respalda a Bolivia, pero se avecinan ajustes económicos

Bolivia ha llegado a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que le permitirá acceder a $us 1.900 millones, lo cual contribuirá a fortalecer las reservas del país y aliviar la escasez de divisas. Sin embargo, este convenio también implica que el Gobierno eliminará las subvenciones a los combustibles a partir de enero de 2027, lo que genera un panorama complejo para la economía nacional.

El Memorando de Políticas Económicas y Financieras establece que el presupuesto del Estado para 2027 no podrá incluir recursos para subsidios a los combustibles, lo que significa que, aunque los precios se mantendrán congelados hasta fin de año, después deberán ajustarse de acuerdo a una fórmula que tendrá en cuenta el tipo de cambio y los costos de importación.

Marcelo Trigo, exlíder de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia, señala que el ajuste llega en un momento crítico, ya que la economía aún estará en recesión. Trigo advierte que la eliminación de estas subvenciones podría desencadenar un incremento de precios en el transporte y los alimentos, así como tensiones sociales.

Desafíos inmediatos y a largo plazo

Trigo sugiere que el impacto del ajuste será inmediato, pero también propone que se implementen ayudas directas para las familias más vulnerables. No obstante, el marco jurídico para un registro social unificado aún no estará listo para el momento de realizarse estos cambios, lo que añade un elemento de incertidumbre.

El acuerdo con el FMI, aunque proporciona un respiro financiero, no resuelve los problemas estructurales de la economía boliviana. Bolivia enfrenta un déficit fiscal considerable, que alcanzó el 11% del PIB en 2025, y la deuda pública supera el 80%. Para corregir esto, el Gobierno deberá ejecutar un ajuste fiscal que representa aproximadamente el 8,5% del PIB entre 2026 y 2029.

"El tipo de cambio es el síntoma, es como la temperatura en el cuerpo".

Las restricciones en el gasto público se concentrarán en los primeros años del programa, lo que puede llevar a una contracción económica durante 2026 y 2027, con una leve recuperación proyectada para 2028. Esto también incluye la eliminación de topes en las tasas de interés y la revisión de las subvenciones, lo que podría afectar las condiciones para préstamos productivos y de vivienda.

Finalmente, Trigo concluye que la situación económica exige ajustes dolorosos, pero necesarios, y enfatiza que la población deberá adaptarse a un nuevo contexto económico. La llegada de recursos del FMI puede representar una oportunidad, pero el verdadero desafío será implementar los cambios requeridos sin afectar desproporcionadamente a los sectores más vulnerables.