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  • MUNDO
  • Por Ivana Rojas

Florida y el repunte de ejecuciones: un análisis de la pena de muerte en EE.UU.

En lo que va de 2023, Florida ha ejecutado legalmente a 14 condenados, superando el total de ejecuciones de todos los demás estados de EE.UU. Esta cifra se suma a las 19 ejecuciones realizadas en 2025, que marcaron un máximo desde que se reestableció la pena de muerte en 1976.

La historia reciente de la pena de muerte en Florida está marcada por el caso de Harold Gene Lucas, quien a sus 74 años fue ejecutado tras pasar más de 50 años en el corredor de la muerte. Lucas fue declarado culpable de asesinar a Jill Piper en 1976 y su ejecución fue presenciada por familiares de la víctima, quienes expresaron un sentido de alivio tras la ejecución.

La administración de Ron DeSantis ha revivido las ejecuciones en Florida, un estado históricamente apegado a la pena capital. Aunque durante su mandato inicial se observó un descenso en el número de ejecuciones, en los últimos años ha acelerado este proceso, contraviniendo la tendencia de otros estados que han eliminado o suspendido la pena de muerte.

Según datos del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, las ejecuciones en Florida han aumentado a pesar de que a nivel nacional el apoyo a la pena capital ha disminuido, alcanzando el 53% en la última encuesta de Gallup, el porcentaje más bajo en medio siglo.

Controversias y críticas

Las decisiones de DeSantis respecto a la pena de muerte han generado críticas. Expertos legales argumentan que las reformas impulsadas son potencialmente inconstitucionales y podrían llevar a condenas erróneas. En Florida, 30 personas condenadas a muerte han sido exoneradas, lo que genera preocupación sobre el uso de este castigo.

Asimismo, la propuesta de DeSantis que permite condenar a muerte automáticamente a extranjeros en situación irregular ha sido objeto de controversia, con defensores de los derechos humanos argumentando que tales medidas carecen de fundamento legal y ético.

Por otro lado, activistas y organizaciones religiosas han manifestado su oposición a la pena de muerte, subrayando que este tipo de castigo no es un verdadero remedio para las víctimas y perpetúa un ciclo de violencia.

El futuro de la pena de muerte en Florida se mantiene incierto, con una próxima ejecución programada que seguirá alimentando el debate sobre la legalidad y moralidad de este tipo de castigo.