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El fenómeno de El Niño se intensifica y afectará a Bolivia hasta enero de 2024

El fenómeno climático de El Niño, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial, se manifestará con efectos adversos en Bolivia hasta enero de 2024. Entre las consecuencias más preocupantes se encuentran el aumento de las temperaturas, la disminución de la lluvia, la escasez de agua y un mayor riesgo de incendios forestales.

Kenny Quisberth, ingeniero climatólogo del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), señala que la intensidad del fenómeno puede variar. Un El Niño se clasifica como débil si el calentamiento es de 0,5 a 1 grado Celsius, moderado entre 1 y 1,5 grados, fuerte entre 1,5 y 2 grados, y muy fuerte si supera los 2 grados. Este año, se espera que las temperaturas sobrepasen esa última cifra.

Este fenómeno climatológico tiene la capacidad de alterar el clima durante varios meses. Normalmente, un El Niño débil sucede cada dos a siete años, con una duración de entre nueve y doce meses, aunque su frecuencia puede variar. Según Quisberth, las fases muy fuertes de El Niño no son nuevas para Bolivia, ya que se han presentado en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, cada uno con consecuencias severas similares a las que se anticipan para este periodo.

Durante el evento de 2015 a 2016, el país enfrentó una drástica disminución de lluvias, que llevó a una crisis hídrica en La Paz, con racionamientos y escasez de agua. La diversidad climática de Bolivia lo convierte en un país vulnerable a los impactos del fenómeno, generando condiciones de sequía en algunas regiones mientras que en otras se pueden presentar lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos.

Se prevé que entre agosto y octubre de este año el déficit de lluvias afecte severamente a la Amazonía, la Chiquitanía, el Chaco y los Valles. Las zonas más vulnerables incluyen el norte de Santa Cruz, Beni, Pando y el norte de La Paz, que sufrirán temperaturas elevadas.

La fase más crítica de El Niño se espera entre noviembre y enero de 2024, con sequías agrícolas que afectarán principalmente las tierras altas y olas de calor que se extenderán por todo el país. Aunque se puede prever el fenómeno con meses de antelación, no se puede determinar exactamente cuándo ocurrirán las lluvias o las sequías.