Aumento de la censura bibliográfica en escuelas de EE.UU. plantea preocupaciones sobre el acceso a la literatura infantil

Las bibliotecas en las escuelas públicas de Estados Unidos se han convertido en escenarios de una fuerte disputa ideológica, donde padres, educadores, bibliotecarios y figuras políticas enfrentan posturas sobre qué libros deben estar al alcance de los estudiantes. La censura de libros ha alcanzado cifras alarmantes, dejando a muchos niños sin acceso a historias vitales para su desarrollo.
Nicole, una madre de cuatro hijos en el condado de Pinellas, Florida, se dio cuenta hace cinco años de que ciertos libros comenzaban a desaparecer de las estanterías escolares. Aunque ella ha podido adquirir esos textos por su cuenta, muchas familias no tienen esa misma posibilidad, creando lo que ella describe como "desiertos de libros" en comunidades donde el acceso a la literatura es limitado.
Un informe de PEN America resalta que en 2025, se censuraron 6,588 libros en diversas escuelas del país, un salto considerable en comparación con los 70 libros censurados anualmente entre 2001 y 2020. Se sospecha que el número real de censuras es aún mayor, ya que muchas decisiones pasan desapercibidas.
Gianmarco Antosca, de la Coalición Nacional contra la Censura, señala que la tendencia de prohibir libros ha evolucionado desde una simple objeción local hacia un fenómeno en el que leyes estatales y federales están priorizando la eliminación de libros considerados inapropiados. Este movimiento ha sido impulsado por ciertos grupos conservadores que defienden el derecho de los padres a decidir sobre el contenido educativo de sus hijos.
Prohibiciones diferenciadas según estados
La forma en que se aplica la censura varía significativamente entre estados. Por ejemplo, Florida y Texas reportan cientos de casos de libros retirados, mientras que otros estados como Oklahoma y Nuevo México no registran censuras. Las objeciones a los libros generalmente inician a partir de denuncias de padres o ciudadanos que consideran que ciertas obras son inapropiadas, aunque algunas veces se retiran sin una revisión exhaustiva.
En algunos estados, como Utah y Carolina del Sur, se han establecido listas de libros prohibidos que no pueden ser leídos por los estudiantes. Obras como "El cuento de la criada" y "Las ventajas de ser invisible" figuran entre los títulos censurados. Esta dinámica plantea una creciente preocupación sobre qué criterios se utilizan para determinar qué libros son adecuados para los jóvenes.
Nicole comenta que aunque se argumenta que estas restricciones se implementan por el bienestar de los niños, este enfoque también afecta los derechos de otros padres y su capacidad para decidir sobre la educación de sus hijos. "Al prohibir libros, algunos están definiendo lo que es adecuado para todos los niños, no solo para los suyos", sentencia Nicole.
El impacto de esta tendencia ha llevado a una atmósfera de autocensura, donde educadores y bibliotecarios evitan incluir ciertos libros por miedo a represalias. En este contexto, el acceso a la literatura se convierte en un tema de derechos fundamentales, donde se cuestiona hasta qué punto los grupos de presión tienen influencia sobre el contenido educativo de los jóvenes en Estados Unidos.
"La misión de las escuelas y bibliotecas no debería ser proteger a los niños del mundo hasta que cumplan 18 años, sino prepararlos para él" – Gianmarco Antosca, de la Coalición Nacional contra la Censura.